PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

Fernanda miró las hojas como si fueran una sentencia.

 

—Aquí están la colegiatura de Emilia, el seguro médico, las mensualidades de la camioneta, la remodelación de la cocina, las cuotas del club y hasta los pagos de la empresa de Santiago —dije—. Todo sale de mis cuentas.

—Pero tú siempre nos has ayudado —respondió ella, intentando mantener la calma—. Nunca dijiste que esperabas algo a cambio.

La miré a los ojos.

—No esperaba nada a cambio. Esperaba que mi hijo tuviera la educación suficiente para decirme que no quería