PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

verme antes de que yo me arreglara para cenar con él.

Santiago se pasó una mano por el cabello.

—Mamá, fue un malentendido.

—¿Un malentendido? Tengo tu mensaje guardado.

Saqué mi teléfono y lo puse sobre la mesa.

Él no lo miró.

Fernanda soltó un suspiro impaciente.

—Elena, por favor. No hagamos un drama familiar por una cena.

Aquellas palabras me dolieron más que el mensaje de mi hijo.

No por la cena.

Sino porque, después de quince años pagando cuentas, resolviendo problemas y rescatándolos de sus propias decisiones, todavía