PARTE 2: LA FIRMA QUE NUNCA PUSE – BOGHTAT

consideraban que mis sentimientos eran una molestia.

Emilia, que había permanecido callada, levantó la cabeza.

—Mamá, ¿por qué le dijiste a la abuela que no fuera?

Fernanda se quedó inmóvil.

—Eso es asunto de adultos, cariño.

—Pero la abuela me prometió que vendría.

La niña apretó su conejo de tela contra el pecho.

Me agaché junto a ella.

—Mi amor, tú no tienes la culpa de nada.

Le di un beso en la frente y le pedí que fuera a la sala a elegir una película.

Cuando desapareció por el